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notitia

Del mitraísmo a la masonería. Una historia de las ideas

Doce siglos separan el ocaso del mitraísmo romano del alba de la masonería. Doce siglos durante los cuales, los misterios de Mitra han permanecido más secretos que nunca.
 
 
30 Jul 2021
 
Asamblea de masones para la iniciación de un maestro

Asamblea de masones para la iniciación de un maestro
Creative Commons

Las primeras menciones documentadas al culto mitraico en Europa occidental, con alusiones a dioses de nombre oriental, una iconografía profusa e inconfundible, y templos oscuros y subterráneos, aparecen a partir de finales del siglo I. La Tebaida de Estacio es el primer texto latino que nombra a Mitra «quien, bajo las rocas del antro pérsico, tuerce los cuernos del reacio toro». Debemos esperar al año 102 para encontrar la primera representación de Mitra sacrificando al Toro Sagrado, una escultura consagrada por Alcimus, esclavo de un prefecto de Trajano.

Como es bien conocido, la persecución y consecuente interdicción de los cultos paganos a partir del siglo IV pondrá un punto y final a la organización cultual mitraica tal y como se conocía hasta la fecha. A partir de ese momento, en todo el Imperio, los templos dedicados a Mitra serán clausurados, sus esculturas decapitadas, y los frescos cubiertos con yeso en el mejor de los casos.

Sin embargo, sobrevivirán a la persecución buena parte de los iniciados. Y con ellos, de manera más o menos ortodoxa, pervivirán los misterios que les han sido revelados, la memoria de los rituales que practicaron, y el saber que pudieron acumular. Un conocimiento que seguirá siendo transmitido sottovoce a otras mentes curiosas y deseosas de saber quién era aquel dios solar de la fraternidad que veneraron sus ancestros antes de que el cristianismo se impusiese como la única verdad en una Europa que se adentraba en las tinieblas de la Edad Media.

El conocimiento es una materia elástica e irrompible

El conocimiento, las ideas, la sabiduría y la cultura en general son una materia extraña. Como la energía —quizá de eso se trate—, las ideas no surgen de la nada y tampoco se destruyen nunca por completo, simplemente se transforman. Las ideas, como los dioses, pueden cambiar de forma, incluso de denominación, pueden perder algún atributo, ganar otros, ascender o caer en la jerarquía de las diferentes escuelas y panteones en las que habitan, pero siempre acaban por resurgir de una u otra manera cuando menos se las espera. Quizá esto sea así porque las ideas sean eternas como la propia existencia, o porque estén hechas de la misma esencia que los arquetipos, que son la materia prima de la que se nutre tanto la mitología como los sueños más banales.

Mitra, el dios invencible, es un buen ejemplo de la indestructibilidad de los valores y de los dioses que los representan. Su origen es tan remoto que se pierde en los albores de la historia. El primer documento conocido que lo menciona, más allá de las fronteras del Imperio romano, es una tablilla de arcilla del siglo XIV a. C. procedente de Boghaz-Kay, en la Turquía actual, antigua capital del imperio Hitita. En dicho documento, Mitra, junto con otros dioses indo arios, sirve de garante de un acuerdo entre hititas y mitanios[1].

La masonería especulativa surge en un contexto histórico y geográfico determinado que impregna profundamente todos y cada uno los aspectos formales, a la vez que disimula sus orígenes
De hecho, el término Mitra proviene de la hipóstasis proto indo aria *mitra, que significa precisamente contrato. En el subcontinente indio, Mitra es considerado el protector de la palabra dada, de las reuniones, las cuales preside, y por extensión de la honestidad y la fraternidad. Mismo significado para el Mitra de Irán, donde su presencia perdura pese a la reforma de Zarathustra, que tratará de imponer un dios único al complejo panteón mazdeista[2].

La era de Tauro y el Año de las Luces

El mito central mitráico, es decir, el sacrificio del Toro Celeste —al que asiste el cuervo mensajero, un escorpión, un perro y una serpiente—, que permite la regeneración de la naturaleza, es conocido desde antiguo como un acto fundador de la civilización. Las menciones a un bóvido sagrado enviado por los dioses cuyo sacrificio será fundamental para la vida en la tierra aparecen en textos tan antiguos como la Epopeya de Gilgameš o la Avesta o incluso la Odisea.

Los diferentes motivos que componen la tauroctonia mitraica coinciden, de hecho, con la intersección en el ecuador celeste de la constelación de Tauro junto con las del Cuervo, Escorpio, Canis Minor e Hidra. Esta alineación singular, la llamada era de Tauro[3], ocurrió por última vez entre los años 4000 y 2000 a. C. Esta época está marcada por el apogeo de la civilización de Sumer, la creación de las primeras ciudades estado en Mesopotamia y el nacimiento de la escritura. Son precisamente los sumerios uno de los primeros pueblos en estudiar los astros y nombrar las constelaciones que, pese a las traducciones, seguimos reconociendo hoy en día.

Se trata pues de un periodo fundamental para la humanidad, un inicio de la civilización tal y como la entendemos hoy en día, que comienza aproximadamente en el 4 000 a. C., año que los masones han elegido como su Anno Lucis, o año de la creación.

Mitra, el dios de todos los hombres

La llegada de Mitra al Imperio romano sigue siendo un tema de debate entre especialistas. Ese dios arcaico pero civilizador, protector de la amistad y de los acuerdos, aparece en Europa occidental bajo una forma inédita. No encontraremos a Mitra representado de manera tan explícita, ejecutando al Toro sagrado o compartiendo una comida con Sol sobre la piel del Toro sacrificado, más allá de las fronteras del Imperio.

Sin embargo, el origen oriental del culto mitraico en occidente queda atestado tanto en la propia jerarquía iniciática, que incluye un grado llamado Persa, como en el propio vestuario de la divinidad, así como en numerosos epígrafes y menciones latinas, como La Tebaida mencionada anteriormente. A pesar de las numerosas evidencias que conectan al Mitra romano con los dioses homónimos orientales, algunos teóricos contemporáneos han propuesto soluciones creacionistas que tratan de alejar el culto occidental del de otras regiones del planeta.

Sea como fuere, la función de Mitra en tanto que dios protector de la palabra dada, de los contratos y de la amistad perdurará en el Imperio y en lo que quedará de él, tal y como lo hará en el conjunto de territorios indo arios. Y será precisamente el valor de la fraternidad entre los hombres, sin tener en cuenta su origen, condición o estatus —basta recordar que entre los iniciados al culto persa había desde emperadores hasta esclavos—, la que dará lugar, en el siglo XVI, a las primeras logias hermeticistas escocesas, base de lo que hoy conocemos como masonería especulativa[4].

El templo como reflejo del cosmos

Las convergencias entre los misterios de Mitra y la masonería no acaban aquí. Cualquier maestro masón interesado en el mitraísmo, no dejará de encontrar nexos de unión que van desde lo más abstracto hasta lo más concreto. Aspectos muchos ellos de carácter simbólico, filosófico o conceptual, pero también material y pragmático, como lo pueda ser el espacio en el que se operan los iniciados de ambas escuelas.

No hay más que visitar un mitreo y un templo masónico para darse cuenta de que son una sola y misma cosa. En ambos casos, se trata de una representación terrenal del cosmos por el cual las almas transitan en su proceso de reencarnación —o evolución—, tal y como nos explica Porfirio en su Antro de las ninfas. Un espacio presidido por el Sol y la Luna, y la imagen cultual, ya sea la representación simbólica del Gran Arquitecto del Universo o la de Mitra sacrificando al Toro.

Ambos templos presentan un techo abovedado y revestido de estrellas. Se trata de un espacio sin ventanas, cerrados al exterior o con aperturas estratégicas que solo iluminan la imagen sagrada en determinadas fechas del año. El templo mitráico, como el masónico, es un lugar atemporal donde se desarrollan los misterios, se inicia a los miembros de la comunidad, se deliberan asuntos terrenales, y, en definitiva, se fragua la hermandad entre los hermanos.

Ambos espacios son relativamente pequeños ya que están adaptados a comunidades que no suelen superar la treintena de individuos. Ambos espacios están delimitados por las cuatro direcciones de un plano rectangular. A los lados de un corredor central, al septentrión y al mediodía, se sientan los masones o se recuestan los mitraístas, alineados unos frente a otros según sus grados y cualidades. En el oriente se sitúa el Padre con sus asistentes en un caso, y el Venerable Maestro y los vigilantes en el otro.

Russell menciona en su artículo On Mithraism and Freemasonry que varios mitreos contienen una cavidad en el suelo donde se coloca un sarcófago que contiene el cuerpo del hermano simbólicamente difunto. En efecto, tanto la iniciación masónica como la mitraica —como la mayoría de las iniciaciones de cualquier tradición— están precedidas de la muerte simbólica del neófito que renacerá dejando atrás su vida profana. Es decir, en ambos casos, un iniciado será natus et renatus dentro de la comunidad mistérica.

In vino veritas

Uno de los momentos álgidos del ritual mitráico es el banquete ritual. Este sacramento conmemora un episodio mitológico que podemos ver representado en muchos de los relieves del culto persa, donde Mitra y Sol celebran su encuentro con una comida sobre la piel del toro sacrificado, asistidos por Cautes y Cautópates. Este evento forma parte del ritual practicado por los seguidores del dios solar en los templos mitráicos[5]. Los roles de Mitra y Sol son asumidos por el Padre y el Heliodromus. Toda la comunidad participa en este banquete, los de menor grado, como los aprendices masónicos, serán los encargados de asistir a sus hermanos.

Del mismo modo, los masones finalizan sus trabajos con un banquete, en este caso fuera del templo, en una sala anexa o exterior. Si bien es cierto que en el ritual mitráico, los alimentos ingeridos tienen un valor simbólico —al menos el vino y el pan, que representan la carne y la sangre del Toro sagrado—, en los mitreos se ingieren todo tipo de alimentos, sobretodo aves de corral. A parte pues del elemento ritual, tanto los ágapes mitraicos como los masónicos son un momento de distensión donde la comida y el vino favorecen la camaradería.

De los grados, cualidades, gestos y experiencias

Es ampliamente conocido que los masones especulativos se dividen en tres grados principales según su antigüedad, experiencia e implicación dentro de la comunidad. La práctica es un tanto más compleja, ya que más allá de los grados de aprendiz, compañero y maestro, existen otros grados simbólicos o funcionales. Lo mismo ocurre en los misterios de Mitra aunque, en lugar de tres, la escalera iniciática mitráica comporta hasta siete peldaños a los cuales sumar grados superiores con roles administrativos a nivel supra comunitario.

En cualquier caso, para ser iniciado tanto en una como en otra tradición, la integridad moral es de rigor. Tengamos en cuenta que el mitraísmo romano se enmarca dentro de las corrientes filosóficas coetáneas, a saber, el neoplatonismo y el estoicismo al que debemos sumar la huella de la tradiciones orientales y en concreto persas que trajeron consigo los primeros adeptos en el Imperio[6]. Del mismo modo, las logias masónicas exigen a sus candidatos ser hombres «de buenas costumbres» y «sin tacha de inmoralidad», sea como fuere que tales valores decidan medirse.

Otro punto en común entre ambas hermandades es la importancia dada al gesto de darse la mano. Tanto es así que, un iniciado en los misterios de Mitra es conocido por el término griego syndexios que viene a querer decir algo así como el que ha dado la mano[7]. Es, al fin y al cabo, el gesto que representa el acuerdo y la fraternidad, como ya lo era en Nemrut Dağı, Turquía, en el siglo I a. C. donde Antiochus da la mano a Mitra. Por su parte, los masones utilizan una variante concreta del apretón de manos que les permite reconocerse entre ellos sin necesidad de expresar verbalmente su afiliación.

No es de rigor comunicar los misterios que han sido revelados durante una iniciación, entre otras cosas porque el iniciado se compromete, tanto en la masonería como en el mitraísmo, a no hacerlo —y recordemos que es el propio Mitra el garante de las promesas. Tampoco merece la pena entrar en detalles por la propia naturaleza del acto en sí: el significado de la iniciación no radica en un conjunto de acciones, gestos y palabras, sino en la experiencia en sí, en efecto transformador que tiene —o no tiene— la ceremonia en el candidato. Baste con mencionar, a modo orientativo, el testimonio de Porfirio —o el de Apuleyo— para hacerse una idea de lo que pudiera suponer una iniciación tanto mitraica como masónica.

Evidentemente, la masonería especulativa presenta también divergencias con el culto solar de origen persa. Muchas de ellas tienen que ver con esos doce siglos que las separan. La masonería especulativa surge en un contexto histórico y geográfico determinado que impregna profundamente todos y cada uno los aspectos formales, a la vez que disimula sus orígenes. Aun así, la masonería sigue siendo a día de hoy el mayor representante de una tradición basada en la igualdad y la fraternidad que une a sus miembros en el tiempo y en el espacio en una cadena que viene del pasado y tiende al futuro.

Comments

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    Alex Cruz

    Excelente trazado de arquitectura, agradezco que la hayan compartido.

    •  

      Gaby Simeoni

      Gracias a ti, Alex. Me alegra que te resulte interesante.

 

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